sábado, 7 de abril de 2007

En la gran calma de estas tardes de invierno

En la gran calma de estas tardes de invierno hay un reloj: el mar. Su palpitación confusa que se prolonga en la mente es la fuga sobre la cual se compone este relato.Vacías cadencias de las olas que lamen sus propias heridas, hoscas en las bocas del delta, bullentes en las playas desiertas, vacias bajo el vuelo de las gaviotas garabatos blancos sobre gris, masticados por las nubes. Si una vela se acerca hasta aquí, muere antes de que la tierra la cubra con su sombra. ¡Despojos barridos hasta los frontones de las islas, último vestigio carcomido por la interperie, plantado en la vejiga azul del agua...desaparecido!
El cuarteto de Alejandría, JUSTINE, L.Durrell

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