sábado, 15 de diciembre de 2018
jueves, 15 de noviembre de 2018
Silencio en la montaña
Silencio en la montaña.
Sólo el ruido que yo hago
recogiendo helechos.
Nishiguchi Sachiko, " 70 haikus y senryûs de mujer "
Sólo el ruido que yo hago
recogiendo helechos.
Nishiguchi Sachiko, " 70 haikus y senryûs de mujer "
lunes, 15 de octubre de 2018
sábado, 15 de septiembre de 2018
miércoles, 15 de agosto de 2018
domingo, 15 de julio de 2018
viernes, 15 de junio de 2018
sábado, 19 de mayo de 2018
El estaba tranquilo - Mahmud Darwish
Él está tranquilo, yo también
sorbe un té con limón,
bebo un café,
es lo único que nos distingue.
Él lleva, como yo, una camisa holgada a rayas,
yo hojeo, como él, los periódicos de la tarde.
Él no me ve cuando miro de reojo,
yo no le veo cuando mira de reojo,
él está tranquilo, yo también.
Pregunta algo al camarero,
pregunto algo al camarero...
Una gata negra pasa entre nosotros,
acaricio su noche
acaricia su noche...
Yo no le digo: Hace bueno,
está despejado.
Él no me dice: Hace bueno.
Él es el observado y el observador
yo soy el observado y el observador.
Muevo la pierna izquierda
mueve la pierna derecha.
Tarareo una canción,
tararea una canción parecida.
Pienso: ¿Es el espejo en que me veo?
Entonces le miro a los ojos,
pero no le veo...
Abandono el café aprisa.
Pienso: Quizá sea un asesino, o quizá
uno que habrá pensado que yo soy un asesino.
Él tiene miedo, ¡y yo también!
Traducción de Luz Gómez García
de http://mahmuddarwix.blogspot.com
sorbe un té con limón,
bebo un café,
es lo único que nos distingue.
Él lleva, como yo, una camisa holgada a rayas,
yo hojeo, como él, los periódicos de la tarde.
Él no me ve cuando miro de reojo,
yo no le veo cuando mira de reojo,
él está tranquilo, yo también.
Pregunta algo al camarero,
pregunto algo al camarero...
Una gata negra pasa entre nosotros,
acaricio su noche
acaricia su noche...
Yo no le digo: Hace bueno,
está despejado.
Él no me dice: Hace bueno.
Él es el observado y el observador
yo soy el observado y el observador.
Muevo la pierna izquierda
mueve la pierna derecha.
Tarareo una canción,
tararea una canción parecida.
Pienso: ¿Es el espejo en que me veo?
Entonces le miro a los ojos,
pero no le veo...
Abandono el café aprisa.
Pienso: Quizá sea un asesino, o quizá
uno que habrá pensado que yo soy un asesino.
Él tiene miedo, ¡y yo también!
Traducción de Luz Gómez García
de http://mahmuddarwix.blogspot.com
sábado, 14 de abril de 2018
14 abriles en canal
Has visto un ciclo en televisión de cine en tiempos de franco
Yo soy aquel chaval que creció en la fila de los mancos
Si un dedo acariciaba una pierna, un cuello, un sujetador
Bramaba la temible linterna del acomodador
Yo soy aquel chaval que creció en la fila de los mancos
Si un dedo acariciaba una pierna, un cuello, un sujetador
Bramaba la temible linterna del acomodador
Ella tenía catorce abriles en canal
Sobre la rodilla rebeca para disimular
Aquel sabor a chocolatina, a piel, saliva y sudor
La carne de gallina me pone en el corazón
Sobre la rodilla rebeca para disimular
Aquel sabor a chocolatina, a piel, saliva y sudor
La carne de gallina me pone en el corazón
En pantalla Dalila cortaba el pelo al cero a sansón
Y en la última fila del cine, con calcetines aprendimos tú y yo
Y en la última fila del cine, con calcetines aprendimos tú y yo
Juegos de manos, a la sombra de un cine de verano
Juegos de manos, siempre daban una de romanos
Juegos de manos, siempre daban una de romanos
Era condición esencial organizar bien el modo
De entrar en la semi oscuridad blanca y negra del no-do
Y mientras en el circo un león se merendaba a un cristiano
La nena se dejaba besar que no la pille su hermano
De entrar en la semi oscuridad blanca y negra del no-do
Y mientras en el circo un león se merendaba a un cristiano
La nena se dejaba besar que no la pille su hermano
Si estrenaban Cleopatra y pedían el carnet
Yo iba con corbata y pomada que cura el acné
Hasta que aquella bici de mi niñez se fue quedando sin frenos
Y en la peli que pusieron después nunca ganaban los buenos
Yo iba con corbata y pomada que cura el acné
Hasta que aquella bici de mi niñez se fue quedando sin frenos
Y en la peli que pusieron después nunca ganaban los buenos
Y mientras en pantalla prendía fuego a roma nerón
Contra la última valla del cine y en calcetines aprendimos tú y yo
Contra la última valla del cine y en calcetines aprendimos tú y yo
Hoy que todos andan con videos porno americanos
Para ver contigo me alquilo una de romanos
Para ver contigo me alquilo una de romanos
Una de Romanos, Joaquin
Sabina
jueves, 15 de marzo de 2018
miércoles, 14 de febrero de 2018
La inmortalidad – Luis García Montero
Nunca he tenido dioses
y tampoco sentí la despiadada
voluntad de los héroes.
Durante mucho tiempo estuvo libre
la silla de mi juez
y no esperé juicio
en el que rendir cuentas de mis días.
Decidido a vivir, busqué la sombra
capaz de recogerme en los veranos
y la hoguera dispuesta
a llevarse el invierno por delante.
Pasé noches de guardia y de silencio,
no tuve prisa,
dejé cruzar la rueda de los años.
Estaba convencido
de que existir no tiene trascendencia,
porque la luz es siempre fugitiva
sobre la oscuridad,
un resplandor en medio del vacío.
Y de pronto en el bosque se encendieron los árboles
de las miradas insistentes,
el mar tuvo labios de arena
igual que las palabras dichas en un rincón,
el viento abrió sus manos
y los hoteles sus habitaciones.
Parecía la tierra más desnuda,
porque la noche fue,
como el vacío,
un resplandor oscuro en medio de la luz.
Entonces comprendí que la inmortalidad
puede cobrarse por adelantado.
Una inmortalidad que no reside
en plazas con estatua,
en nubes religiosas
o en la plastificada vanidad literaria,
llena de halagos homicidas
y murmullos de cóctel.
Es otra mi razón. Que no me lea
quien no haya visto nunca conmoverse la tierra
en medio de un abrazo.
La copa de cristal
que pusiste al revés sobre la mesa,
guarda un tiempo de oro detenido.
Me basta con la vida para justificarme.
Y cuando me convoquen a declarar mis actos,
aunque sólo me escuche una silla vacía,
será firme mi voz.
No por lo que la muerte me prometa,
sino por todo aquello que no podrá quitarme.
y tampoco sentí la despiadada
voluntad de los héroes.
Durante mucho tiempo estuvo libre
la silla de mi juez
y no esperé juicio
en el que rendir cuentas de mis días.
Decidido a vivir, busqué la sombra
capaz de recogerme en los veranos
y la hoguera dispuesta
a llevarse el invierno por delante.
Pasé noches de guardia y de silencio,
no tuve prisa,
dejé cruzar la rueda de los años.
Estaba convencido
de que existir no tiene trascendencia,
porque la luz es siempre fugitiva
sobre la oscuridad,
un resplandor en medio del vacío.
Y de pronto en el bosque se encendieron los árboles
de las miradas insistentes,
el mar tuvo labios de arena
igual que las palabras dichas en un rincón,
el viento abrió sus manos
y los hoteles sus habitaciones.
Parecía la tierra más desnuda,
porque la noche fue,
como el vacío,
un resplandor oscuro en medio de la luz.
Entonces comprendí que la inmortalidad
puede cobrarse por adelantado.
Una inmortalidad que no reside
en plazas con estatua,
en nubes religiosas
o en la plastificada vanidad literaria,
llena de halagos homicidas
y murmullos de cóctel.
Es otra mi razón. Que no me lea
quien no haya visto nunca conmoverse la tierra
en medio de un abrazo.
La copa de cristal
que pusiste al revés sobre la mesa,
guarda un tiempo de oro detenido.
Me basta con la vida para justificarme.
Y cuando me convoquen a declarar mis actos,
aunque sólo me escuche una silla vacía,
será firme mi voz.
No por lo que la muerte me prometa,
sino por todo aquello que no podrá quitarme.
La inmortalidad – Luis
García Montero
De: Completamente viernes
De: Completamente viernes
lunes, 15 de enero de 2018
La Vida Lenta - Josep Pla
"Esta noche, cuando volvía a casa (a las dos) a pie, con una
tramontana fortísima en contra, pensaba que, a veces, la vida parece
más larga que la eternidad. En la cama (glacial), leo los dos
últimos números de Il Borghese, hasta las ocho. Me levanto
a las cuatro de la tarde. Hace un día despejado, soleado y lívido
-sin viento. ¡Año nuevo, vida nueva! Me paso lo que queda del día
en casa, junto al fuego"
La Vida Lenta, Josep Pla (Acotación de Alberto Gordo, El Cultural)
jueves, 4 de enero de 2018
Mañana - Mario Benedetti - Canción de Navidad -Silvio Rodríguez
Bendito
seas río de mañana
futuro
en que te abismas
vienen
contigo esquirlas de infinito
aunque
más breves cada día
y
también el hechizo inquebrantable
la
nostalgia a construir / la sobrevida
el
vuelo de los pájaros que saben
la
calma en que descansa la utopía
si
me concentro no te veo
ni
sé lo que anticipas
si
me recluyo en mis escombros
nadie
me librará de tanta ruin
pero
si abro mis inviernos
de
par en par al verde de tu orilla
aprenderé
tal vez con las distancias
que
separan tu fronda de la mía
bendito
seas surco de mañana
con
tu repetición de la fatiga /
desde
una mano ancha y sembradora
te
llegará el azar de la semilla
mañana
de candor / bendito seas
futuro
/ por llegar a la deriva
sin
preces ni condenas
ni
justos a la vuelta de la esquina
estás
aquí futuro / hay que ampararte
los
emboscados en la amanecida
quieren
acribillarte desde el miedo
dejarte
sin enigmas
bendito
seas leño del augurio
mañana
/ al convertirte en tu ceniza
aceptarás
las cifras de la muerte
como
una condición de la armonía
Mañana
- Mario Benedetti
El
fin de año huele a compras,
enhorabuenas
y postales
con
votos de renovación.
Y
yo que sé del otro mundo
que
pide vida en los portales,
me
doy a hacer una canción.
La
gente luce estar de acuerdo,
maravillosamente
todo
parece
afín al celebrar.
Unos
festejan sus millones,
otros
la camisita limpia
y
hay quien no sabe qué es brindar.
Mi
canción no es del cielo,
las
estrellas, la luna,
porque
a ti te la entrego
que
no tienes ninguna.
Mi
canción no es tan sólo
de
quien pueda escucharla,
porque
a veces el sordo
lleva
más para amarla.
Tener
no es signo de malvado
y
no tener tampoco es prueba
de
que acompañe la virtud.
Pero
el que nace bien parado,
en
procurarse lo que anhela
no
tiene que invertir salud.
Por
eso canto a quien no escucha,
a
quien no dejan escucharme,
a
quien ya nunca me escuchó,
al
que en su cotidiana lucha
me
da razones para amarle,
a
aquel que nadie le cantó.
Canción
de Navidad -Silvio Rodríguez




