miércoles, 11 de diciembre de 2013

sábado, 12 de octubre de 2013

Turistas en la metrópolis - Fulgencio Martínez


Primero de mayo en Lisboa.
Al salir de mi hotel barato
sigo una carrera popular.
Saludo con el puño en alto
el tirón fresco del día, su ritmo
de color me llena las manos
de azul nuevo del mar. Y tanto
colorido en la calle
no es sólo para mis ojos.
                                                Señalo
-convidados a avanzar con la gente
a mi hija de siete años
el corredor que luce en el dorsal
su número de primaveras,Vamos
contentos a donde quiera el destino.
En un mercadillo compramos
una barra de pan y nos invitan
a marisco. Tocan unos gitanos
en su guitarra canciones de España
para nosotros. En un bar del Chiado
(era antes del último incendio)
dos viejos nos recomiendan un plato;
comemos por unos escudos. Poco
cuesta ser feliz y les invitamos
a vino y sardinas. Nos creen turistas
y somos sus camaradas y hermanos.

Fulgencio Martínez, El año de la Lentitud.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Finally, by the sea




Finally, by the sea, where God is everywhere, I gradually calmed. I stood looking at the sky. The clouds were the colors of a Raphael. A wounded rose. I had the sensation he had painted it himself. You will know him. You will know his hand. These words came to me and I knew I would one day see a sky drawn by Robert´s hand.

Words came and then a melody. I carried my moccasins and waded the water's edge. I had transfigured the twisted aspects of my grief and spread them out as a shining cloth, a memorial song for Robert. It was a wistful little song that conjured the color of his eyes. I sang the words over and over to myself so I wouldn't forget them. Within weeks i would sing it at his memorial service in the Whitney Museum of Art, where we had dreamed one day of showing our work and where I watched him pensively smoke a cigarette from its trapezoidal window.

Flocks of gull gathered above me. The blue hour was fast approaching.

In he distance i hear a call, the voices of my children. They ran toward me. In this stretch of timelessness, I stopped. I suddenly saw him, his green eyes, his dark locks. I hear his voice above the gulls, the childish laughter, and the roar of waves.

Smile for me, Patti, as I am smiling for you.


Just Kids, Patti Smith, Ed. Bloomsbury

viernes, 2 de agosto de 2013

La inmortalidad – Luis García Montero



Nunca he tenido dioses
y tampoco sentí la despiadada
voluntad de los héroes.
Durante mucho tiempo estuvo libre
la silla de mi juez
y no esperé juicio
en el que rendir cuentas de mis días.

Decidido a vivir, busqué la sombra
capaz de recogerme en los veranos
y la hoguera dispuesta
a llevarse el invierno por delante.
Pasé noches de guardia y de silencio,
no tuve prisa,
dejé cruzar la rueda de los años.
Estaba convencido
de que existir no tiene trascendencia,
porque la luz es siempre fugitiva
sobre la oscuridad,
un resplandor en medio del vacío.

Y de pronto en el bosque se encendieron los árboles
de las miradas insistentes,
el mar tuvo labios de arena
igual que las palabras dichas en un rincón,
el viento abrió sus manos
y los hoteles sus habitaciones.
Parecía la tierra más desnuda,
porque la noche fue,
como el vacío,
un resplandor oscuro en medio de la luz.

Entonces comprendí que la inmortalidad
puede cobrarse por adelantado.
Una inmortalidad que no reside
en plazas con estatua,
en nubes religiosas
o en la plastificada vanidad literaria,
llena de halagos homicidas
y murmullos de cóctel.
Es otra mi razón. Que no me lea
quien no haya visto nunca conmoverse la tierra
en medio de un abrazo.

La copa de cristal
que pusiste al revés sobre la mesa,
guarda un tiempo de oro detenido.
Me basta con la vida para justificarme.
Y cuando me convoquen a declarar mis actos,
aunque sólo me escuche una silla vacía,
será firme mi voz.

No por lo que la muerte me prometa,
sino por todo aquello que no podrá quitarme.



De: Completamente viernes

viernes, 5 de julio de 2013

En un sueño viniste - Estrella Morente



Autorretrato, Estrella Morente

En un sueño viniste


A mi cama de amor

Parecía que tu suave brazo

De almohada me sirvió

Parecía que me abrazabas

Que sufrimos del amor y el desvelo



Parecía que te besé los labios,

Los ojos, las mejillas y las manos

Y que logré mi propósito



Por amor tuyo

Si no me visitaba tu imagen nocturna

Jamás podrías conocer el sabor del sueño

Te juro por el amor tuyo

Enrique Morente, de poema de amor del rey sevillano Al Mutamid


sábado, 29 de junio de 2013

Mañana no será lo que Dios quiera – Luis García Montero sobre Ángel González


"El porvenir se identifica con la duración de una derrota sin fin, que no acababa con el paso de los años, que permanece en las calles y en la piel hasta convertirse en una rutina.



Te llaman porvenir

porque no vienes nunca

Te llaman : Porvenir,

y esperan que tu llegues

como un animal manso

a comer en su mano.

Pero tu permaneces

más allá de las horas,

agazapado no se sabe dónde.

,,,Mañana!

Y mañana será otro día tranquilo,

un día como hoy, jueves o martes,

cualquier cosa y no eso

que esperamos aún, todavía, siempre.

(Sin esperanza, con convencimiento 1961)



El futuro es otra cosa, un lugar más lejano que nos mira de cerca y nos ayuda a movernos sobre la piel de los días, sin naufragar en los adverbios aún, todavía y siempre. Es una quilla de barco que golpea elagua y se esfuerza en abrir las oloas. Alguien que reconoce el dolor, asume el sufrimiento, intenta el amor, admite la luz y sigue caminanado, porque la narración no está cancelada:



Pero nada es aún definitivo.

Mañana he decidido ir adelante,

y avanzaré,

mañana me dispongo a estar contento,

mañana te amaré, mañana

y tarde,

mañana no será lo que Dios quiera.





Mañana gris, o luminosa, o fría,

que unas manos modelan en el viento,

que unos puños dibujan en el aire.



Nada era aún definitivo..."

Mañana no será lo que Dios quiera – Luis García Montero sobre Ángel González

viernes, 17 de mayo de 2013

El día se ha ido - Ángel González

Ahora andará por otras tierras,


llevando lejos luces y esperanzas,

aventando bandadas de pájaros remotos,

y rumores, y voces, y campanas,

-ruidos perro que menea la cola

y ladra ante las puertas entornadas.



(Entre tanto, la noche como un gato

sigiloso, entró por la ventana,

vio unos restos de luz pálida y fría,

y se bebió la última taza.)





Si,

definitivamente el día se ha ido.

Mucho no se llevó (no trajo nada),

sólo un poco de tiempo entre los dientes,

un menguado rebaño de luces fatigadas.





Tampoco lo lloréis. Puntual e inquieto,

sin duda alguna, volverá mañana.

Ahuyentará a ese gato negro.

Ladrará hasta sacarme de la cama.



Pero no será igual. Será otro día.



Será otro perro de la misma raza.   Ángel González

miércoles, 1 de mayo de 2013

domingo, 28 de abril de 2013

Un mar lejano

Así que mientras leo la "Iliada" en voz alta para que ellos escuchen como suena en español, mi imaginación vuela hacia un mar lejano, el mismo mar que Homero cantó en sus epopeyas legendarias, y hacia una isla en la que la libertad caía en forma de hojas (o de estrellas, en las noches de verano) cuando yo tenía la edad que ellos tienen ahora. (...) porque la voz de Homero sigue siendo la misma del primer día, la misma desde la época en la que el lengendario ciego de Quíos compuso ese magnífico poema cuyas estrofas resuenan ahora en mi voz convocando a los fantasmas del pasado, esos que se fueron ya, y despertando en quienes me escuchan la misma emoción que yo siento. 

Julio LLamazares, Las lágrimas de San Lorenzo

viernes, 15 de marzo de 2013

martes, 15 de enero de 2013

El color del agua - Adonis



Tu color es el color del agua,



oh cuerpo del lenguaje

allí donde el agua es

levadura, rayo o fuego. 

El agua se enciende y se convierte en rayo, se convierte

en levadura y en fuego,

en nenúfar

que pide mi almohada

para dormir...

Oh río del lenguaje,

viaja conmigo dos días, dos semanas por la levadura de los secretos,

recogeremos mares, descubriremos madreperlas,

lloveremos rubíes y ébano,

aprenderemos que la magia

es un hada negra

que no se enamora más que de el mar.

Viaja conmigo, aparece aquí... desaparece allí...

y pregunta conmigo, oh río del lenguaje,

por la concha que muere para convertirse

en nube roja

de lluvia,

en isla

que camina o vuela,

pregunta conmigo, oh río del lenguaje,

por una estrella cautiva

en las redes del agua

que lleva entre sus pechos

mis últimos días.

Pregunta conmigo, oh río del lenguaje,

por una piedra de la que brota el agua,

por una ola de la que nace la roca,

por el animal del almizcle, por una paloma de luz.

Desciende conmigo por el tragaluz de las tinieblas

al lugar

donde habita el tiempo roto

para que el lenguaje sea

un poema que se viste con el rostro del mar.



Adonis. Traducción  Maria Luisa Prieto