miércoles, 29 de diciembre de 2010

Celebración del día y de la noche - Adonis





El día cierra la verja de su jardín,

se lava los pies y se pone el manto

para recibir a su amiga la noche.



El crepúsculo avanza lentamente.

En sus hombros hay manchas de sangre,

en sus manos una rosa

a punto de marchitarse.



La aurora avanza ruidosa.

Sus manos abren el libro del tiempo

y el sol pasa las páginas.



En el umbral del ocaso

el día rompe sus espejos

para conciliar el sueño.



Los momentos son olas del tiempo.

Cada cuerpo es una playa.



El tiempo es viento

que sopla del lado de la muerte.



La noche abotona la camisa de la tierra.

El día la desnuda.



Es el alba:

en el balcón las flores se frotan los ojos,

en la ventana

ondean las trenzas del sol.



El día ve con las manos,

la noche ve con todo el cuerpo.



Si el día hablara,

anunciaría la noche.



Suave es la mano de la noche

en las trenzas de la melancolía.



El día no sabe dormir

más que en el regazo de la noche.



Se le concedió a mi tristeza

ser una continua noche.



El pasado,

lago para un solo nadador:

el recuerdo.



La luz: vestido

que a veces teje la noche.



El crepúsculo: única almohada

en la que se abrazan el día y la noche.



La luz sólo actúa despierta.

La oscuridad sólo actúa dormida.



Los sueños de la noche son hilos con los que tejemos

los trajes del día.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Las Simples Cosas,Chavela Vargas



Uno se despide
insensiblemente de pequeñas cosas.

Lo mismo que un árbol
que en tiempo de otoño se queda sin hojas.

Al fin la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas
esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón.

Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida
y entonces comprende como estan de ausentes las cosas queridas.

Por eso muchacha no partas ahora soñando el regreso
que el amor es simple y a las cosas simples las debora el tiempo.

Demorate a ti, en la luz solar de este medio día
donde encontraras con el pan al sol la mesa tendida.

Por eso muchacha no partas ahora soñando el regreso
que el amor es simple y a las cosas simples las debora el tiempo.

Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amo la vida.

sábado, 2 de octubre de 2010

Et deix, amor, la mar com a penyora - Te dejo, amor, la mar como una prenda, Carme Riera

Tancar els ulls amb la son suficient per a somiar-te un altre cop ara sols i lliurar-te després com una ofrena, no penyora, no mar, a l'oblit necessari on tants de cops t'he esperat. Però, digue'm, què en faré, de la tendresa, indomable, nítida, que em vessa al fons del mirall?

Cerrar los ojos con el sueño suficiente para soñarte otra vez ahora solo y entregarte después como una ofrenda, no prenda, no mar, al olvido necesario donde tantas veces te he esperado. Pero, dime, ¿qué haré, de la ternura, indomable, nítida, que me vierte al fondo del espejo?

Carme Riera

domingo, 29 de agosto de 2010

El otro lado

sábado, 17 de julio de 2010

Noche que se desborda del cuerpo- Mahmud Darwish

Jazmín sobre las noches de julio. Canción

para dos extraños que se encuentran en

una calle que no lleva a ninguna parte.

¿Quién soy yo, después de estos ojos almendrados?

Dice el desconocido.

¿Quién soy yo, después de tu exilio en mí?

Dice la desconocida

Guardémonos de remover la sal

de los mares antiguos

en un cuerpo que recuerda...

Ella le devuelve su cuerpo cálido

y él le devuelve su cuerpo cálido.

Así, los dos amantes extraños dejan su

amor desordenado,

como abandonan su ropa interior

entre las flores de las sábanas.

- Si de verdad eres mi amado, compón

un Cantar de los cantares para mí

y graba mi nombre en la rama de un

granado, en los jardines de Babilonia.

- Si me quieres de verdad, posa mi sueño

entre mis manos y dile

al hijo de María: Nos has hecho sufrir

la misma suerte que Tú has elegido.

Señor, ¿somos lo bastante justos para

la existencia del mañana?

- ¿Cómo me curaré del jazmín mañana?

- ¿Cómo me curaré del jazmín mañana?

Ellos permanecen juntos, en las sombras

que se extienden por el techo de su alcoba.

Ella le dice: No serás sombrío después de mis

pechos.

Él responde: Tus pechos son noches que iluminan lo

esencial,

noches que me cubren de besos. El lugar y yo

estamos repletos de noches que se desbordan de la

copa.

Ella se ríe de su descripción. Y vuelve a reír

ocultando la pendiente de la noche en su mano.

- Amor mío, si pudiera ser un

chico, sería tú.

- Y si yo pudiera ser una chica,

sería tú.

Ella llora, como siempre,

al regresar de un cielo color vino.

Llévame, extranjero, a un país donde

no posea un pájaro azul sobre un sauce.

Ella llora, para cruzar sus bosques en

el largo camino hacia sí misma.

¿Quién soy yo? ¿Quién soy, después de

tu exilio de mi cuerpo?

¡Ay de mí, de ti y de mí país!

¿Quién soy, después de estos ojos almendrados?

Muéstrame mi mañana.

Así, los dos amantes dejan su despedida en

desorden,

cual perfume de jazmín sobre las noches de

julio.

Cuando llega julio,

el jazmín me lleva a una calle que no conduce

a ninguna parte,

pero yo sigo cantando:

jazmín

sobre las noches

de julio.

sábado, 12 de junio de 2010

domingo, 21 de marzo de 2010

La noche mallorquina - Alvaro Mutis

Hay algo de homérico en esa distante fosforenscencia de mundos en apacible viaje en plena noche mediterránea.

Alvaro Mutis, "Jamil" (Empresas y tribulaciones de Maqroll el gaviero, volumen II, Siruela, Bolsillo)

Momentos - Maruja Torres, El Pais

Huelo aquel pan, veo aquellos pinos, disfruto del esplendor turquesa del Mediterráneo todavía inviolado. Escucho a los inteligentes, abrazo con ternura, pétalo a pétalo descubro a los amigos. Todos esos momentos, y algunos que sucedieron anteayer –una sobremesa larga y bien conversada, el calor de un vaso de vino, las confidencias– y otros que están por suceder son, ni más ni menos, la vida. Ese río que nos trae.

sábado, 16 de enero de 2010

Trenes del sur - Neruda


Trenes del Sur, pequeños
entre
los volcanes,
deslizando
vagones
sobre
rieles
mojados
por la lluvia vitalicia,
entre montañas
crespas
y pesadumbre
de palos quemados.

Oh
frontera
de bosques goteantes,
de anchos helechos, de agua,
de coronas.
Oh territorio
fresco
recién salido del lago,
del río,
del mar o de la lluvia
con el pelo mojado,
con la cintura llena
de lianas portentosas,
y entonces
en el medio
de las vegetaciones,
en la raya
de la multiplicada cabellera,
un penacho perdido,
el plumero
de una locomotora fugitiva
con un tren arrastrando
cosas vagas
en la solemnidad aplastadora
de la naturaleza,
lanzando
un grito
de ansia,
de humo,
como un escalofrío
en el paisaje!

Así
desde sus olas
los trigales
con el tren pasajero
conversan como
si fuera
sombra, cascada o ave
de aquellas latitudes,
y el tren
su chisperío
de carbón abrasado
reparte
con oscura
malignidad
de diablo
y sigue,
sigue,
sigue,
trepa el alto viaducto
del río Malleco
como subiendo
por una guitarra
y canta
en las alturas
del equilibrio azul
de la ferretería,
silba el vibrante tren
del fin del mundo
como
si
se despidiera
y se fuera a caer donde
termina
el espacio terrestre,
se fuera a despeñar entre las islas
finales del océano.

Yo voy contigo,
tren, trepidante
tren
de la frontera:
voy a Renaico,
espérame,
tengo que comprar lana en Collipulli,
espérame, que tengo
que descender en Quepe,
en Loncoche, en Osorno,
buscar piñones, telas
recién tejidas, con olor
a oveja y lluvia...
Corre,
tren, oruga, susurro,
animalito longitudinal,
entre las hojas
frías
y la tierra fragante,
corre
con
taciturnos
hombres de negra manta,
con monturas,
con silenciosos sacos
de papas de las islas,
con la madera
del alerce rojo,
del oloroso coigue,
del roble sempiterno.

Oh tren
explorador
de soledades,
cuando vuelves
al hangar de Santiago,
a las colmenas
del hombre y su cruzado poderío,
duermes tal vez
por una noche triste
un sueño sin perfume,
sin nieves, sin raíces,
sin islas que te esperan en la lluvia.
inmóvil
entre anónimos
vagones.

Pero
yo, entre un océano
de trenes,
en el cielo
de las locomotoras,
te reconocería
por
cierto aire
de lejos, por tus ruedas
mojadas allá lejos,
y por tu traspasado
corazón que conoce
la indecible, salvaje,
lluviosa,
azul fragancia!

martes, 12 de enero de 2010

Las abarcas desiertas - Miguel Hernández

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda la gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y un mundo de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas